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Día de Asueto: Hipocresías de “feministas”

A Frida, que nadie corte tus alas. A Verito Parra, tu valor es la fuerza de todas.

Por: Rosamaría Sánchez Rincón

Mi Lupe ha decidido emanciparse de las ideologías feministas. En un arranque proverbial, hasta amenazó con convertirse en la más santurrona y leal seguidora del patriarcado. Así de grande es su decepción.

Los recientes y conocidos hechos ocurridos en las manifestaciones del 8M, coronaron la decisión de mi amargada emperatriz de los quehaceres del hogar.

Hoy su rechifla fue especialmente para aquellas mujeres que se dicen sabiondas en esos temas del feminismo, que se la pasan criticándola y que callaron cual momias guanajuatenses ante el riesgo de perder la mesada y neta, que es comprensible, con esa altura de miras ¿a qué pueden aspirar?

Lo que no se entiende es por qué esa necedad de juzgar siempre, de criticar siempre, de autoendiosarse siempre como las más feministas de las feministas del mundo mundial y a la hora de la hora, son las más cobardes.

Lo cierto es que lo ocurrido el 8 de marzo, cuando las policías de Michoacán y Municipal se desahogaron en violentas hordas de entes llenos de andrógenos, para demostrar quién es la ley, fue apenas un esbozo de la realidad que prevalece en el estado.

Por mucho que Michoacán quiera ser feminista, no puede. ¿Cómo serlo cuando quienes debieran de garantizar respeto, tolerancia, inclusión y compromiso, son los primeros en violentarlas?, ¿Cómo serlo cuando quienes dicen apoyar la causa, en lo corto la desprecian o se hacen de la vista gorda?

Las expresiones de violencia de género sacuden desde palacio nacional y se dejan caer en cascada en los gobiernos morenistas y no. En el Estado, no fue la excepción, más de medio millón de pesos gastó la administración estatal para cubrir de vallas metálicas el frente de Palacio de Gobierno, vallas que luego recubrió con lonas parecidas a las frontlight, con rostros amables de mujeres sonrientes, felices, en un claro reto a las “locas”, a las “agresivas” y a las “violentas” que irían a marchar gritando, rompiendo y quemando, llorando por las que ya no están, por las que violaron, por las que mataron, por las desaparecidas, por las que nunca regresaron.

Gobiernos, partidos políticos, funcionarios, feministas –hombres y mujeres-, hipocresías clavadas en la cruz que se revuelcan en la sal cuando se enfrentan al dilema de apoyar una causa femenina.

Una fiscalía que no puede terminar el proceso para que Diego pague por la muerte de Jessica; que si no fuera por la madre de la joven, no sé qué habría pasado, neta. Octavio Ocampo, dirigente del PRD que, cuando no le gusta lo que le preguntan, exhibe a las reporteras, las regaña y las desprecia.

Minerva Bautista exigiendo cuentas al comisionado Cussi, pero protegiendo a un asistente de nombre Galo Gómez Verduzco, que gusta de acosar y de “sugerir” a trabajadoras del ayuntamiento que “se vistan más decentes”. Un Gaspar Hernández acusado por igual de acosador, mediocre como regidor e innecesario como servidor público.

Un Poder Legislativo donde la mayoría son mujeres (hay 25 diputadas) que, sin embargo, cedió a la presión “machista” manipulada en “muñequitos descuartizados” cuando se intentó comenzar a legislar el tema del aborto. El tema ni siquiera llegó a segunda base, porque ellas no quisieron hacer valer el derecho de cada mujer a decidir con libertad.

Y en un acto de total incongruencia, esas mismas diputadas, frente a las mujeres congregadas en la Convención Nacional Feminista 2022 organizada por el Centro de Estudios y Formación Política, casi juraron sobre la cruz que su trabajo legislativo era “en favor de las mujeres y sus causas”.

Cussi, un comisionado de la policía municipal que, además de misógino, es desobediente. La instrucción que recibió fue clara: “no te metas, respeta la marcha”. Más tardaron en decirle eso que él en salir en bola con sus cobra-multas a golpear, ofender y lastimar a mujeres y a reporteros. Sí, nadie puede acusarlo de no ser parejo.

El esfuerzo del güero que gobierna desde palacio municipal, como el gozo, se fue al pozo. Obligado está Ponchitou a decisiones frontales, que no dejen lugar a dudas del gobierno que quiere reconstruir en Morelia.

Higuera, subsecretaria de Derechos Humanos que brilló por su ausencia, pero qué tal sonríe ante la cámara, ¡qué importan las caídas!; la titular de la SEE, la contralora, la de Cultura, la de la Mujer, ellas y varias otras que se dicen guerreras de género. Todas metidas en la nómina, que callaron y se convirtieron en cómplices de la agresión más cruel protagonizada por el estado. Ni una sola alzó la voz.

Anarquía disfrazada de tolerancia. Intolerancia maquillada de “leyes”. Un gobierno preocupado por proteger los viejos edificios de cantera, olvidando la sangre, el dolor, las violaciones, las torturas y las muertes de decenas de personas, que han enfrentado las peores vejaciones sólo por ser mujeres.

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